El 11 de julio de 1973, el Gobierno de Estados Unidos regaló a España una roca lunar, como muestra de afecto entre «naciones amigas», y en agradecimiento por los servicios que prestaron las estaciones de seguimientos de las misiones Apolo instaladas en las localidades madrileñas de Fresnedillas y Robledo de Chavela.
Hoy, esta reliquia de la conquista espacial debería estar expuesta en el vestíbulo principal de una institución pública como el Museo Nacional de Ciencias Naturales, para que todos los españoles pudieran acercarse a un fragmento auténtico de la Luna y disfrutar de la sensación de encontrarse ante un pedazo real de su superficie. Pero desafortunadamente, nada de esto es posible, ya que aquella piedra selenita regalada al pueblo español jamás ha estado en ningún museo, y en estos momentos su paradero se desconoce.
Polvo selenita en El Pardo
Sin embargo, a Franco le debió hacer tanta ilusión este insólito regalo cósmico que reaccionó como cabría esperar de cualquier dictador: en vez de enviarlo a un museo o cualquier otra institución pública, donde la sociedad española pudiera disfrutar de la piedra, decidió apropiársela sin contemplaciones y decorar algún rincón de El Pardo con el fragmento de polvo selenita.
Pero entonces, ¿qué fue de aquella roca? ¿Se la quedó la familia del Caudillo tras su muerte? ¿Se perdió o sigue decorando alguna chimenea? No es fácil responder a estas preguntas, pero el propio Ruiz de Gopegui ha aportado en exclusiva a este periódico algunas pistas para resolver el misterio.
Fraga, saca la roca que todos sabemos que la cogistes tu.