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El asesino de Joseba Pagazaurtundua cometió un error. El 8 de febrero de 2003, tras descerrajarle cuatro tiros, salió huyendo del bar Daytona de Andoain al que el jefe de la Policía Local de ese municipio guipuzcoano acudía cada día a desayunar y leer el periódico. Detrás dejó su taza de café apenas terminada y que ni siquiera pagó. Siete años después, el ADN que el etarra había dejado en ese recipiente coincidió con el encontrado en dos botellas de agua mineral. La primera, la encontrada por la Ertzaintza en un bar de Irún después de ser consumida por Gurutz Agirresarobe. La segunda la que tomó este una vez detenido, durante su declaración ante el juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande-Marlaska y que este mandó analizar.